Tecnología un tema fundamental

Menos electricidad del carbón

Para alcanzar los objetivos climáticos, Alemania tiene que reducir su producción de electricidad con carbón. En el ínterin, el consumo de carbón ha fluctuado, aumentando del 2011 al 2013, aunque para 2016 descendió uno por ciento por debajo del nivel de 2010. Sin embargo, es necesaria mayor reducción si es que Alemania va a alcanzar sus metas de reducción de carbono para 2020.

Cuando Alemania decidió cerrar ocho de sus diecisiete plantas nucleares en 2011 e ir cerrando paulatinamente las plantas restantes para culminar en 2022, hubo la preocupación de que la producción de energía mediante carbón se incrementara para cubrir el vacío que dejó la energía nuclear. Sin embargo, ese cambio no es parte del plan, ya que el país no podría cumplir sus objetivos climáticos con energía producida con carbón. Después de todo, cuando se quema gas natural las emisiones de carbono son apenas la mitad del que se emite cuando se utiliza carbón de antracita. El lignito, que puede conseguirse en el mercado nacional alemán en grandes cantidades es tres veces más intensivo en carbono cuando se lo compara con el gas natural. Además, las plantas termoeléctricas no incrementan o reducen la generación tan rápidamente como las turbinas de gas más flexibles, haciendo de estas últimas una forma mejor de cubrir los vacíos en la producción fluctuante de energías renovables.

No obstante, por varias razones el consumo de energía producida con carbón se incrementó temporalmente:

  1. La decisión de cerrar ocho plantas nucleares fue repentina y la industria no ha tenido tiempo para reemplazar la capacidad perdida, de manera que los proveedores de energía no tienen más opción que apoyarse en las plantas existentes;
  2. la depresión económica en Estados Unidos ha reducido el consumo de energía, por lo que indirectamente ha ocasionado una reducción en las emisiones de carbono y los precios del carbón, por ende los precios de la energía termoeléctrica; y
  3. en la actualidad, están empezando a funcionar algunas nuevas centrales de carbón planificadas y construidas varios años antes de que se tomara la decisión de abandonar progresivamente la energía nuclear.

Planes para nuevas termoeléctricas

Hace tan solo unos pocos años, las cuatro mayores empresas energéticas de Alemania planificaron la construcción de más de 30 nuevas centrales de carbón, sin embargo, podría ser que ya se haya construido la última termoeléctrica en Alemania. Una serie de proyectos ha sido abandonada por diversas razones, que van de enormes protestas locales a dificultades a la hora de adquirir derechos de agua y, sobre todo, una nueva evaluación de la rentabilidad a la luz de la explosión de las energías renovables. Por otra parte, no se han propuesto centrales de carbón desde la eliminación progresiva de la energía nuclear de 2011, mientras que varias que estaban en fase de planificación se han abandonado.

Durante la fase de supresión de la energía nuclear (hasta finales del año 2022), se prevé que la proporción de lignito en el sector de la energía se mantenga relativamente estable. Dependiendo de la rapidez de crecimiento de la cuota de electricidad basada en energías renovables, el poder de la hulla puede, sin embargo, ser compensado de manera significativa, incluso durante la fase de supresión de la energía nuclear.

En 2015, se hicieron esfuerzos mancomunados para introducir una fase de eliminación progresiva del carbón en Alemania. Sin embargo, los sindicatos salieron a protestar a las calles en defensa de los 100 mil puestos de trabajo estimados en peligro. Así fue que políticamente quedó bloqueado el ambicioso plan de imponer un límite de emisiones a las plantas de carbón con más de 20 años de construidas. En su lugar se creó una "reserva" para las plantas de lignito y se retiraron 2,7 GW de ellas del mercado, que, en caso necesario, serán reactivadas. Entretanto, estas reciben una compensación especial por su "disponibilidad de reserva".

Por su parte los críticos señalan que estas plantas no están para nada "disponibles", pues necesitan de un aviso con 10 días de antelación para arrancar. Los expertos argumentan que nunca habrá una situación en la cual se pueda prever un cuello de botella en la generación de energía con 10 días de antelación. De hecho, esta política le paga únicamente a los contaminadores.

Pero el debate sobre el carbón continúa en Alemania. En 2016, hubo señales de que los líderes sindicales han empezado a aceptar que la fase de eliminación progresiva del carbón es inevitable y a enfocarse en lograr el mejor acuerdo para los trabajadores. Se estableció una Comisión del Carbón en la que participan responsables de formular políticas en los ámbitos local y nacional, sindicalistas, asociaciones empresariales y dirigentes comunitarios, con el objetivo de investigar una eliminación progresiva del carbón. La Comisión iniciará su investigación una vez pasadas las elecciones generales del mes de septiembre de 2017. El tema principal gira en torno a cómo las comunidades que viven de la extracción del carbón pueden revitalizarse y encontrar nuevas oportunidades económicas para cuando cierren las minas de carbón y las termoeléctricas.

La captura y almacenado de carbono no es una opción para la energía termoeléctrica

En el último decenio, ha habido mucha discusión mundial en torno a la captura y almacenado de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) y denominado engañosamente “carbón limpio” por quienes proponen dicha tecnología. Básicamente, esta tecnología captura contaminantes y dióxido de carbono para almacenarlos por separado. Para procesos industriales como la producción de cemento, en la que es extremadamente difícil reducir más las emisiones, la CCS podría ser una opción para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. En las termoeléctricas, sin embargo, la mayoría de los expertos en energía no ven a la CCS como una opción atractiva debido a que reduce drásticamente la eficiencia de las plantas y con ello incrementa drásticamente los costos del combustible.

Además, las inversiones en CCS han resultado ser prohibitivamente caras. Alemania estableció la primera instalación de prueba diseñada por Siemens en 2006 en Schwarze Pumpe, una termoeléctrica operada por la empresa sueca Vattenfall en ese momento. Vattenfall anunció a finales de 2011 que había abandonado los planes para un segundo proyecto de demostración de 300 megawatts, que hubiera sido diez veces mayor en comparación con la planta piloto en Schwarze Pumpe, precediendo incluso al financiamiento que habría ofrecido la UE para la primera planta de CCS totalmente operativa. Vattenfall señaló que no podía seguir adelante con los planes debido a que los estados alemanes con lugar para almacenado no habían aceptado el riesgo.

En general, los ambientalistas no están muy emocionados con esta tecnología, ya que los contaminantes almacenados y el CO2 únicamente crearán más problemas para las generaciones futuras, que tendrían que garantizar que no se presenten filtraciones en las instalaciones. Las comunidades rechazan tener almacenes de dióxido de carbono cerca de ellas, de manera que la coalición de Merkel –que apoya la CCS– llegaron a un compromiso con los estados alemanes en 2012. Ahora los estados pueden ejercer su veto a los planes para construir depósitos de dióxido de carbono, lo que hace muy poco probable que siquiera se lleguen a construir. El acuerdo también especifica que después de los primeros 40 años de operación, los estados –y por ende los contribuyentes– serán responsables, mientras que la empresa lo será por los primeros 40 años.

En julio de 2012, Peter Altmaier, exministro de Energía de Alemania, renunció a la idea de la CCS en ese país: “Tenemos que ser realistas. No podemos almacenar dióxido de carbono, enterrándolo, en contra de la voluntad de la población. Y no veo que en ninguno de los estados alemanes haya aceptación política de la tecnología de CCS con plantas termoeléctricas alimentadas con carbón de antracita o con lignito.”