Tecnología un tema fundamental

Biomasa

La biomasa es la más versátil de todos los tipos de energía renovable, ya que puede proporcionar calor, electricidad y combustible para motores. Por ello no es de sorprender que haya la expectativa de que la biomasa constituya casi dos tercios del consumo de energía renovable en Alemania para 2020. Sin embargo, el que sea una buena fuente de energía tan sólo es una de las propiedades de la biomasa, también proporciona alimentos y materiales para la producción (como madera y aceites). Como resultado, hay una demanda alta de biomasa de parte de varios sectores que compiten por ella. Desafortunadamente, el potencial de acceder a la biomasa de manera sostenible es limitado, por ello las políticas en Alemania se concentran en promover el uso de residuos y desechos.

En diversas formas la biomasa es una fuente especial de energía renovable. Primero, puede proporcionar directamente los tres tipos de energía: electricidad, calor y combustible (líquidos, sólidos y gas). Segundo, se la puede almacenar y suministrar fácilmente; cuando no hay suficiente sol o viento, es posible arrancar generadores alimentados por biomasa según se vaya necesitando. Tercero, la principal limitante es que la biomasa requiere de una gestión estricta para que sea sustentable. No importa cuántos paneles solares instalemos, de ninguna forma vamos a agotar el sol con rapidez, tampoco vamos a reducir la cantidad de viento sobre la tierra si seguimos instalando turbinas eólicas. Pero con la biomasa, tenemos que ser cuidadosos para no agotar los recursos, evitar el monocultivo que reduce la biodiversidad y garantizar que las necesidades de energía de los países ricos no se cubran a expensas de las necesidades alimenticias de los países pobres.

Debido a que puede cubrir tal gama de servicios energéticos, la biomasa tiene mayor participación en la oferta de energía mundial en comparación con la hidroenergía o la energía nuclear (que únicamente proporciona electricidad). Es decir, su participación es mayor en comparación con las otras fuentes de energías renovables combinadas. De acuerdo con Ren21, la biomasa cubría más del 14 % de la demanda mundial final de energía en 2014 (la mayor parte de la cual era biomasa tradicional), mientras que la participación de la energía nuclear cayó hasta el 2,5 %.

La biomasa en Alemania

Hoy en día, cuando hablamos de biomasa, de lo que hablamos cada vez más es del etanol a base de maíz, biodiesel de la semilla de canola (también conocida como colza), biogás de desechos orgánicos y maíz, aserrín comprimido, etc., en oposición a la leña, estiércol, etcétera.

Generalmente, la bioenergía proviene de dos fuentes: bosques y agricultura. En la UE, Alemania es el mayor productor de madera, y ésta es por mucho la mayor fuente de bioenergía en el país. Casi 40 % de la producción maderera de Alemania se utiliza como fuente de energía y el restante se utiliza como material. El país también es el principal mercado de biogás; a principios de 2015, casi dos tercios de las plantas de biogás de Europa provenían de Alemania.

En 2016, Alemania ya usaba casi 2,7 millones de hectáreas de su tierra arable para cultivos energéticos. Esta superficie equivale al 16 % de las 16,7 millones de hectáreas de tierra agrícola de Alemania. El límite superior máximo para la bioenergía es de 4 millones de hectáreas para el año 2020. Estudios muestran que el porcentaje de bioenergía puede incrementarse dentro de estos límites como resultado del decrecimiento de la población en los próximos decenios y creciente producción por hectárea en el sector agrícola. Se espera que la población de Alemania decrezca al pasar de poco más de 80 millones de habitantes en 2016 a una cifra por debajo de 70 millones en 2050. No obstante, organizaciones ambientalistas señalan los impactos ambientales de los cultivos energéticos. Por ejemplo, el incremento en el cultivo de maíz para la producción de combustible (y los problemas asociados con el monocultivo del maíz) está frecuentemente asociado con la destrucción de valiosos pastizales. Los cultivos energéticos también pueden tener efectos adversos en la calidad de las aguas subterráneas y ocasionar erosión del suelo. Para prevenir estos efectos, en Alemania la Ley de energía renovable (EEG, por sus siglas en alemán) -la principal ley detrás de la Energiewende- limita la cantidad de maíz y los granos elegibles para recibir una compensación especial. Además, un conjunto de incentivos busca fomentar un creciente uso de productos químicos que sean menos contaminantes del medioambiente. Por ejemplo, material proveniente de las actividades de diseño de paisajismo y otros residuos.

La energía renovable representaba aproximadamente un 13.5 % del consumo total de energía final en 2016. Casi un 37 % de este era biomasa en el sector de la calefacción, junto con más de un 10 % de biocombustibles y un 8 % de biogás en el sector de la electricidad. En total, la bioenergía representó un 57 % del suministro de energía renovable total de Alemania en 2015, equivalente a un 7 % del consumo de energía primaria.

Por lo tanto, el potencial de la bioenergía sostenible en el ámbito nacional en Alemania aparentemente se limita a alrededor del diez por ciento del suministro total de energía, por lo menos en los niveles actuales de consumo, pero el país podría aumentar esta proporción mediante la reducción del consumo.

A la fecha, Alemania utiliza biomasa, principalmente de origen nacional. El reto ante el que nos encontramos será aumentar el uso de biomasa para energía sin incrementar drásticamente las importaciones. Alemania ya se encuentra, de hecho, preocupada por la desaparición de los bosques de niebla que son talados para establecer plantaciones de palma de aceite; también está preocupada por los conflictos a causa de la producción de alimentos en los países en desarrollo. Como ha señalado el Ministro de Medioambiente alemán, “la expansión de la producción de biomasa para la producción de energía [no debe entrar en conflicto] con la seguridad alimentaria, el derecho a los alimentos y la protección del medioambiente y la naturaleza.” Por tanto, junto con la Directiva Europea para Energía Renovable, los biocombustibles y otros portadores de bioenergía líquida deben cumplir con criterios estrictos de sustentabilidad, para que contribuyan a alcanzar las cuotas establecidas y sean elegibles para recibir los bonos definidos en el marco de la Ordenanza de Biomasa Sustentable. Sin embargo, no queda claro si criterios estrictos serán suficientes para evitar que el uso de biomasa para producción de energía incida en el incremento de los precios de los alimentos en todo el mundo.

Para el futuro, el uso de biomasa parece particularmente importante en tres áreas: como combustible para el transporte aéreo y vehículos de uso rudo (donde la movilidad eléctrica u otras opciones técnicas aún no están disponibles), para el calor para procesos industriales, donde se requieren altas temperaturas, y para la cogeneración, pues las plantas de cogeneración convierten con mayor eficiencia la biomasa en electricidad y en calor, y son benéficas en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero.

Además, el biogás y el hidrógeno en particular son vistos en Alemania como una forma crucial para almacenar energía según la estación del año y con ello proporcionar suficiente electricidad en las tardes oscuras del invierno, cuando el consumo de energía es el más alto en Alemania y no se dispone de energía solar. Sin embargo, el gobierno alemán impuso un límite de 100 MW de nuevas unidades de biogás al año en agosto de 2014, en parte debido a la preocupación acerca del impacto medioambiental, pero sobre todo con el fin de controlar los costos. En las enmiendas aprobadas a la ley en 2017, apenas si se mantuvo el límite de 100 MW. En subastas futuras se licitarán entre 150 y 200 MW de plantas de biomasa.