Tecnología un tema fundamental

Energía de la gente para la gente

Los alemanes pueden cambiar de proveedores de energía. De hecho, no sólo son libres en tanto que consumidores de energía, sino de ser simultáneamente productores y consumidores. Incluso pueden vender la energía de forma rentable. La Ley de energía renovable de Alemania estipula que la energía renovable del pequeño generador tiene prioridad con respecto a la energía sucia. Las tarifas de alimentación alemanas han ayudado al surgimiento de esta comunidad de propietarios reduciendo al mismo tiempo la oposición a la instalación y aumentando los niveles de aceptación de las renovables.

En la mayoría de los países, el sector energético ha estado en manos de las grandes corporaciones debido a que la electricidad se produce en grandes centrales energéticas. Sin embargo, las energías renovables ofrecen una oportunidad para cambiar hacia un gran número de pequeños generadores, y este enfoque distributivo ofrece una oportunidad para que los ciudadanos y las comunidades participen. Alemania tiene un grado inusualmente alto de implicación ciudadana en la Energiewende. Uno de cada sexagésimo alemán es ahora un productor de energía.

Algunos países están efectuando el cambio a las energías renovables pidiendo a las empresas de electricidad de servicios públicos producir más energía verde, aplicando políticas denominadas “sistemas de cuotas”. Dichas políticas establecen metas que las empresas tienen que cubrir y en caso de no hacerlo hay cierta penalización. En este caso generalmente la atención se centra en los costos, partiendo del supuesto que dichas empresas optarán por las fuentes de energía renovable más baratas. Por ejemplo, la British Wind Energy Association, enlista los proyectos eólicos en categorías como presentados, aprobados, rechazados y construidos que no existen en países con tarifas de alimentación como las alemanas. Los rechazos son, en consecuencia, una parte natural de las solicitudes de propuesta, que también son comunes en Estados Unidos.

En contraste, ninguna organización en Alemania tiene como tarea revisar las propuestas de parques eólicos para su aprobación o rechazo. En lugar de ello, los gobiernos locales deciden dónde pueden construirse parques eólicos y cómo será su diseño (espacio que ocupan y número de turbinas entre otros aspectos). Las empresas de electricidad de servicios públicos no enfrentan ninguna sanción ya que, de hecho, no es su responsabilidad acelerar las energías renovables; asimismo, son elegibles para tarifas de alimentación, sin embargo, es muy poco frecuente que este tipo de empresas hayan hecho tal inversión. En general, la diferencia entre los dos enfoques –tarifas de alimentación vs cuotas– es sorprendente. En el enfoque de cuotas, sólo hay un incremento en los sistemas más baratos después que pasan por revisiones que toman mucho tiempo y permanecen en manos de las corporaciones, mientras que el marco de las tarifas de alimentación, todo lo que vale la pena avanza rápidamente y la propiedad del suministro de energía se va ciudadanizando con mucha rapidez. En otras palabras, Alemania está democratizando su sector energético.

El enfoque en el costo lo justifica el sistema de cuotas (como los Criterios de portafolios de energía renovable en Estados Unidos) debido a que el exceso de utilidades iría a parar a manos de un pequeño grupo de corporaciones. Quienes proponen un sistema de cuotas afirman correctamente que el impacto del costo de las tarifas de alimentación generalmente es mayor en comparación con el costo de dicho sistema de cuotas, sin embargo, dicha afirmación obvia dos aspectos: primero, los países con tarifas de alimentación generalmente instalan mucha más capacidad generadora de energías renovables y, segundo, si se lo diseña apropiadamente, las utilidades del sistema de tarifas de alimentación regresan a los pequeños inversionistas, no a los actores multinacionales. En consecuencia, se rompe con la sujeción que las grandes corporaciones ejercen sobre el sector energético. En otras palabras, mucha de la gente que enfrenta tasas de precio al minorista ligeramente altas también recibe ingresos provenientes de dichos incrementos.

Los defensores de los sistemas de cuotas argumentan que mantienen una "neutralidad tecnológica"; es decir, que no prefieren ninguna tecnología sobre la otra. Aducen que las tarifas de alimentación "eligen a los ganadores". Sin embargo, el cargo es inusual a la luz de los diferentes resultados del mercado. Las cuotas promueven el tipo de energía renovable menos costoso, que en general hasta ahora ha sido la eólica terrestre. No es de extrañar que la fotovoltaica, relativamente cara hasta hace poco, a veces no haya podido ganar licitaciones en subastas por completo a menos que se le hubiera reservado un hueco (aunque esta situación puede estar cambiando ahora que la FV es tan asequible). Por el contrario, los mercados con tarifas de alimentación para todas las fuentes renovables en general ven una acumulación de todo. Y si queremos una transición energética, necesitaremos una combinación adecuada de fuentes renovables, no centrarnos en el más barato.

Irónicamente, la política supuestamente de "neutralidad tecnológica" (cuotas) ha dado lugar a centrarse en una sola fuente de energía (eólica terrestre), mientras que la política que supuestamente "elige a los ganadores" ha dado lugar a una sana mezcla de tecnología. Además, mientras que se dice que las subastas son "competitivas", lo cierto es que la competencia tiene lugar entre las fuentes de energía; las compañías también compiten entre sí en las subastas, pero las subastas dan lugar a una mayor concentración del mercado. Las tarifas de alimentación han dado paso a mercados más abiertos, con nuevos jugadores que compiten en igualdad de condiciones frente a los operadores tradicionales.

Hasta hace poco, la Asociación Americana de Energía Eólica (AWEA) tenía una sección en su sitio web llamado Proyectos, donde aparecían parques eólicos por ubicación, tamaño y el propietario. En ese momento, Alemania tenía más capacidad de energía eólica más que cualquier otro país del mundo. No obstante, DEWI, la organización que recopila estadísticas sobre energía eólica alemana, dijo que nunca crearon una tabla de este tipo: "No podemos decir quién es el dueño de un parque eólico en particular en Alemania, porque la propiedad está fragmentada entre muchos, y a veces cientos de, ciudadanos y empresas locales".

Estos ejemplos de Alemania son más bien la regla, no excepciones. Dardesheim ni siquiera fue el primero en 1994, ese honor lo tiene el pequeño poblado de Friedrich-Wilhelm-Lübke-Koog cercano a la frontera danesa. Mientras tanto en Freiburg, Alemania, un poblado de unos 220 mil habitantes en la región del sur-occidente del país, ciudadanos financiaron casi una tercera parte de los costos de inversión para cuatro turbinas que se erigieron en una colina cercana, mientras que el financiamiento de las dos partes restantes lo cubrieron con préstamos bancarios. El gerente del proyecto señala que las tasas de interés del banco rondaron 4,5 por ciento, mientras que el proyecto pagó dividendos de hasta 6 por ciento a los ciudadanos que invirtieron. Las inversiones por parte de los ciudadanos se computaron como participación; es decir, los bancos concedieron unas tasas de interés relativamente bajas porque había tanta cantidad de capital disponible. Por otro lado, la cantidad de papeleo se incrementa cuando hay cientos de pequeños inversionistas en lugar de algunos préstamos bancarios. Sin embargo, el proyecto de Freiburg, como muchos otros en Alemania, se centró en una mayor aceptación de la comunidad; de esta manera la población local negociaría consigo misma y no con personas externas de las corporaciones que hacen sentir a todo mundo que de todas formas van a conseguir lo que se proponen.

Los últimos proyectos buscan que las comunidades no sean sólo exportadoras –vendiendo el excedente de energía a la red y sólo comprando energía de la misma sólo cuando no hay suficiente energía renovable disponible– sino autosuficientes. Por ejemplo, la isla de Pellworm ha combinado energía solar, eólica, biomasa y geotérmica en una planta híbrida conectada a una red inteligente con almacenado de energía para reducir la dependencia que sus 1.200 habitantes tienen de la importación de energía, que es de 90 por ciento.

Asimismo, hay proyectos de biomasa cuya propiedad está en manos de las comunidades. En 2004, un agricultor en el poblado de Jühnde constituyó una cooperativa junto con otros nueve agricultores que querían producir cultivos energéticos. Más de 70 por ciento de los pobladores estuvo de acuerdo en cambiar su sistema de calefacción por una red de calefacción distrital conectada a una nueva unidad de biogás en el poblado. La unidad de biomasa opera en gran medida con cultivos de maíz locales. Ya por varios años, los pobladores han venido pagando a los agricultores y negocios la calefacción, en lugar de pagar aceite y gas natural llegados del exterior.

Cuando Jühnde cambió hacia su suministro de calefacción renovable, llamó poderosamente la atención en el país y constituyó un ejemplo para otras comunidades y, a la fecha, lo sigue siendo. En efecto, hubo una especie de auge en el cultivo de maíz como cultivo energético, lo cual fue fuente de ciertas críticas, ya que la gente temió la aparición del monocultivo y comenzó a preocuparse por el impacto sobre la biodiversidad y el paisaje. Sin embargo, cualquiera que haya visto el cinturón agrícola en Estados Unidos, las plantaciones de soja en el Brasil o palma de aceite en Malasia encontrará que los grandes sembradíos de maíz en Alemania son bastante pequeños comparativamente hablando.

Nuevos proyectos seguirán dependiendo del apoyo local, de manera que si la ciudadanía afectada no quiere verse rodeada por más campos cultivados con maíz, el proyecto no operará.

En general, se estima que las “cooperativas de energía” –proyectos de energía renovable propiedad de las comunidades– han apalancado más de 1,67 mil millones de euros en inversiones de más de 130 mil inversionistas privados en 2014. Con frecuencia se señala que sólo los ricos pueden hacer ese tipo de inversión. Por ejemplo, los críticos afirman que las personas tienen que ser propietarias de sus viviendas para instalar energía solar en el techo, sin embargo, 90 por ciento de las cooperativas de energía en Alemania han colocado conjuntos de paneles solares (solar arrays) y una acción en dicho tipo de cooperativas cuesta menos de 500 euros en dos tercios de las cooperativas; con un monto menor de los 100 euros en algunos casos. Como el director de la Asociación de la Industria Solar en Alemania (BSW-Solar, por sus siglas en alemán) señala: “Las cooperativas de energía democratizan el suministro de energía en Alemania y permiten que todo mundo se beneficie de la transición energética, aun si no son propietarios de su vivienda.”

Por otra parte, las cooperativas de energía están pasando de la generación a adquirir la propiedad de las redes. En el decenio de 1990, el movimiento comenzó con los “rebeldes energéticos” de Schönau, residentes de una aldea de la Selva Negra que forzaron a la empresa de suministro local a permitirles adquirir la red local. Ahora, el movimiento sigue extendiéndose a nivel del país. En 2014, la segunda mayor ciudad de Alemania, Hamburgo, votó a favor de recomprar su red eléctrica. Sin embargo, una campaña similar en la capital, Berlín, no tuvo el mismo éxito. A los ciudadanos incluso se les permitirá comprar participaciones en líneas de transmisión para parques eólicos marinos, aunque de forma muy limitada.

Transición social

La Energiewende o sólo constituye un desafío técnico, también implica un desafío para que cambiemos nuestros hábitos. Si las metas han de cumplirse, los alemanes tienen que ir en pos de “estrategias de suficiencia” que se enfoquen en una cultura de transformación –un proceso que no puede llevarse a cabo de la noche a la mañana, sino que tomará tiempo y requerirá de mucha toma de conciencia– Alemania es una sociedad que ama su confort y los aditamentos que se lo proporcionan, conforme dichos aditamentos sean más eficientes tenemos que asegurar que la gente no simplemente decida o asuma que un automóvil con un doble de aprovechamiento de combustible lo puede utilizar dos veces por el mismo precio. Esta discusión sobre las políticas para cambiar comportamientos apenas inicia en Alemania. Ya es evidente que los nuevos modelos de propiedad y financiamiento (como las cooperativas de energía) no sólo permitirán que la gente participe de maneras novedosas, sino que se incremente la aceptación del cambio local y la conciencia con respecto al consumo de energía.

Cada vez será más necesario probar nuevos modos de flexibilidad. Las asociaciones de vivienda trabajan en conceptos de vivienda flexible que permiten que cuente con habitaciones fáciles de separar y con ello poner fin al continuo crecimiento de área habitable per cápita que se ha dado en los últimos decenios. En todos lados, los complejos residenciales ahora cuentan con máquinas lavadoras ultra eficientes para uso común en los sótanos. Además está el uso de automóviles compartidos, que ofrecen a las personas una movilidad eficiente que responde a sus necesidades. Sin embargo, no hay que forzar a que las personas adopten dichas ideas, más bien, las personas mismas llegarán a esas soluciones por sí mismas en la medida que adquieran mayor conciencia de los problemas que trae consigo la fluctuación impredecible de los precios de los energéticos y del impacto que tienen las emisiones de carbono.