Perspectivas europeas

Transición energética - Piense a escala europea

La energía se ha convertido en una cuestión fundamental para la Unión Europea. Sin embargo, la UE no tiene competencia exclusiva en esta materia.

En Europa las temperaturas están descendiendo y las buenas intenciones, por cálidas que sean, son de poca ayuda, para no hablar de la legislación que propuso la Comisión Europea. Después de un prolongado periodo de gestación, el “paquete de invierno” (también conocido como “paquete jumbo”) y el “tsunami de legislación” se han desatado en el marco de la Unión Energética. El paquete de legislación propuesta con el prometedor título de “Energía limpia para todos los europeos” abarca más de mil páginas, ¿pero el paquete cumple con sus promesas?

Algunos de sus aspectos son bien conocidos y van a ser actualizados, ajustándolos a los términos de la legislación hasta 2030, incluyendo una revisión de las directivas sobre energía renovable y eficiencia energética. De forma paralela, la Comisión está dando un paso decisivo al proponer una reestructuración y gobernanza en el ámbito de la UE para completar el mercado energético interno. Y, finalmente, los aspectos revisados también tendrían que adaptarse a los acuerdos existentes, particularmente al objetivo de limitar el calentamiento global por debajo del umbral de 2°C que se estableció en la Conferencia de París para la acción por el clima y que entró en vigor el 4 de noviembre de 2016.

Lo cierto es que el león al asecho podría convertirse en cordero si, con la ayuda de mecanismos de capacidad, se abren las puertas de par en par para la construcción de centrales termoeléctricas (a pesar de las restricciones impuestas a las emisiones de CO2). Por otra parte, el león se quedará sin colmillos si las metas de ahorro de la eficiencia energética solo se incrementan a 30 % (de 27 %), a pesar de la afirmación reiterada del principio de “¡ante todo eficiencia!" Y la UE se quedará sin poder si da marcha atrás al sistema de “despacho prioritario”, que asigna prioridad a las energías renovables en las redes de energía europeas. El objetivo poco ambicioso de “por lo menos 27% de energías renovables” en el consumo total de energía para 2030 se verá debilitado aún más si es un objetivo que se limita a la UE, es decir, no es un objetivo vinculante para cada uno de los Estado miembro, como fuera el caso de los objetivos para 2020. ¿Cómo alcanzará la UE el objetivo que el presidente Juncker se propusiera de convertirse en el número uno mundial en lo que a energías renovables se refiere? Ya desde hace mucho que Estados Unidos y China van un paso adelante en términos de inversión. Es hora de que la UE se esfuerce más para transformar su bello discurso en acciones.

No obstante, se vislumbra luz al final del túnel, por primera ocasión se ha hecho mención explícita a las cooperativas de energía y su acceso a las redes. Por fin la UE ha reconocido el potencial de los ciudadanos que producen electricidad y comercian con ella. Es claro que la visión general de la Unión Energética está puesta en sistemas de energía bajos en emisiones de carbono, sustentables y seguros para Europa. Incluso los más escépticos en Europa tienen que entender que este proceso no va a suceder de la noche a la mañana. Precisamente por ello es de la mayor importancia evitar que estas propuestas se diluyan en subsecuentes negociaciones en el Parlamento Europeo y, finalmente, en los estados miembro. Son éstos últimos quienes tienen que definir el curso final hacia una transición energética exitosa en Europa, proporcionando apoyo a las iniciativas locales y regionales que también involucran la participación de sus vecinos europeos. En este sentido, la iniciativa de “Energía limpia para todos los europeos” solo constituye una pieza del paquete. Lo que está por verse es qué estados miembro de la UE darán pasos positivos hacia la consecución de la energía limpia.

La propuesta que hace Bruselas destaca el hecho de que las políticas europeas para las energías renovables carecen de un denominador común ambicioso que pueda ser acordado por todos los estados miembro. Por el contrario, dichos estados persiguen sus propios intereses nacionales, energéticos: de carbón en el caso de Polonia a energía nuclear en Francia. ¿Entonces, cómo podría la UE definir una política energética que sea sensible, coherente, ambiciosa?

En el pasado, los pioneros de la transición energética como Alemania no convencieron a sus vecinos europeos de los aspectos positivos que implica la reestructuración del sistema energético a través de la innovación y crecimiento económico. Hasta ahora no ha sido posible armar una coalición para una transición energética europea, y ahora la gente se muestra sorprendida por la mezcla de resultados que arrojó Bruselas. Podríamos afirmar que la forma en que Alemania ha recorrido sola el camino de una política energética y los efectos concomitantes ―no siempre positivos― en los mercados de la electricidad de nuestros vecinos inmediatos es una de las principales razones de la propuesta poco ambiciosa EU's sobre energía.

Si en los próximos dos años Alemania quiere producir un impacto significativo en el proceso de las directivas de la UE pertinentes, entonces Berlín no debería centrarse en las disputas fragmentadas sobre cuestiones de prioridad para las energías renovables o mecanismos de capacidad. Por el contrario, debería dar un paso atrás y trabajar estrechamente con otros estados miembro de la UE ―que incluya discutir sobre sus inquietudes― para producir una nueva narrativa, para una transición energética que sea común, europea, con una atención centrada en las ventajas que trae consigo modernizar la economía para una competitividad internacional. Solo entonces la transición energética tendrá éxito tanto en Alemania como en Europa.