Políticas para energía limpia

Comercio de emisiones

Un sistema de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés) europeo coloca un límite de emisiones en el largo plazo. La política es el principal instrumento en la UE para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la industria, el sector energético y más recientemente en el sector aeronáutico. No obstante, el ETS de la UE ha sido criticado debido a su falta de ambición y porque tiene demasiados vacíos; un resultado que no es de sorprender, dado que los responsables de formular políticas han tenido que hacer concesiones a fuertes cabilderos del sector eléctrico y de la industria para, incluso, poner en marcha el sistema. Estas concesiones incluyen compensaciones, objetivos no ambiciosos y una falta de ajustes a los vuelcos de la economía.

El ETS de la UE

El principal instrumento de política climática de la UE dirigido a la industria y el sector energético es el Esquema de Comercio de Emisiones (EU-ETS, por sus siglas en inglés) que cubre casi la mitad de emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión europea. En general, el objetivo es poner un límite a las emisiones en distintos sectores. Cada año se reduce la cantidad de carbono que puede emitirse, lo que pone presión en las empresas para que reduzcan sus emisiones invirtiendo en medidas de eficiencia o comprando créditos de otros emisores de gases.

En consecuencia, este sistema produce un precio para el carbono. Quienes proponen el comercio de emisiones señalan que siempre se optará por la solución menos costosa. Por ejemplo, podría resultar más barato para una empresa cerrar una termoeléctrica muy vieja y hacer el cambio a gas natural a las energías renovables para reemplazar aquella capacidad. Como resultado, esta empresa podría dejar de emitir cierta cantidad de carbono que le genera un excedente en los certificados de carbono que posee, de manera que puede vender a otra empresa los certificados que no le son útiles. Aunque la empresa tiene en operación una termoeléctrica relativamente nueva todavía tiene que comprar algunos créditos.

Límites absolutos, pero con un inicio a trompicones y carencias de diseño

El ETS de la UE inició con trompicones. Se inició en 2005 como fase piloto y posteriormente fue revisado completamente en 2009-2010. El precio del carbono se mantuvo bajo por lo que daba poco incentivo financiero para cambiar de carbón a combustibles bajos en emisiones de carbono. No obstante ello, sí definió techos para las emisiones y es por ello que el cierre gradual de las plantas nucleares alemanas no llevará a más emisiones. El ETS definió límites para el sector energético, de manera que las emisiones de carbono de Alemania no pueden exceder dicho nivel sea con o sin energía nuclear.

Varias carencias de diseño no han permitido que el sistema sea más exitoso. Cuando la fase piloto inició en 2005, a las empresas responsables de las mayores emisiones se les entregó gratuitamente un volumen generoso de certificados. No obstante, el resultado fue precios de energía más altos debido a que las empresas cobraron a los consumidores el valor de los certificados que habían recibido gratuitamente. Desde 2013, en Alemania ya no se entregan gratuitamente certificados sino que son subastados entre el sector energético; los principales emisores de carbono finalmente tendrán que pagar por todos sus créditos de carbono.

La recesión económica existente desde 2008 y otros factores, algunos desconocidos, significan que todavía hay muchos derechos en circulación. En 2014, la UE ya había alcanzado su objetivo para 2020 en la plataforma europea de comercio de emisiones de carbono, lo que parece una buena noticia, pero, de hecho, refleja la incapacidad de la plataforma para reaccionar ante el éxito de las energías renovables y la recesión económica en Europa. Como resultado, no se prevé un alza de los precios del carbono desde el nivel actual de aproximadamente 7 euros por tonelada a los 30-50 euros previstos inicialmente en 2005. En 2014, el "back-loading" de certificados fue aprobado por la UE, aplazando la venta de 900 millones de derechos de emisión de carbono para el período de 2019 a 2020 para estabilizar los precios del carbono actuales. A partir de 2019, la cantidad de derechos de emisión subastados será reducida en caso de un exceso de derechos de emisión en el mercado (reserva para la estabilidad del mercado).

El principal problema siguen siendo las compensaciones. Básicamente permiten a las empresas europeas reducir sus emisiones no en Europa, sino en los países en desarrollo, con el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM, por sus siglas en inglés). Desafortunadamente, el requisito de que las compensaciones sean “adicionales” (lo que quiere decir que el proyecto se llevaría a la práctica de cualquier forma, sólo para cumplir con la legislación ambiental en vigor) podría impedir que las normas ambientales sean más estrictas; después de todo, reglas más estrictas requerirían más acción y, entonces, el CDM también tendría que serlo. En otras palabras, la estipulación de que un proyecto sea adicional podría ser un incentivo no intencionado para que otras normas fueran laxas. Por tanto deben tomarse medidas para garantizar que las compensaciones no se conviertan en barreras para normas ambientales más estrictas.

En general, las críticas que se hacen de las compensaciones se centran en la cuestión de si los países desarrollados “subarriendan” muchas de sus responsabilidades para la reducción de emisiones enviándolas a los países del mundo en desarrollo, con lo que evaden hacer cambios estructurales en su propia economía.

Comercio de emisiones y tarifas de alimentación

A veces se ve al comercio de emisiones como contrario a las tarifas de alimentación. Mientras el ETS tiene como objetivo reducir emisiones en el sector energético tradicional, las tarifas de alimentación promueven la inversión en energías renovables. Algunos analistas afirman que si el único objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el ETS podría conseguirlo más eficientemente debido a que los actores en el mercado optarían por la forma más barata de reducir emisiones; afirman que muchos tipos de energía renovable son económicos únicamente por las tarifas de alimentación.

Durante las discusiones en 2009, el principal instituto de investigación económica de Alemania, el DIW, se manifestó decididamente a favor de ambos instrumentos en un documento titulado "Necesitamos ambos," donde afirma que si la energía renovable tiene el potencial de reducir las emisiones de carbono con mayor rapidez, en comparación con la plataforma de comercio de emisiones, entonces lo que evidentemente hay que hacer es reducir los objetivos para el comercio de emisiones, no deshacernos de las tarifas de alimentación.

En realidad, como muestra el repunte de la demanda de energía de carbón de Alemania entre 2011 y 2013, se necesitan tanto las energías renovables como un comercio de emisiones. Un precio más alto del carbono habría alentado una transición del carbón al gas natural en el sector eléctrico.

Comercio de emisiones internacionalmente

Fuera de Europa, el comercio de emisiones tiene mayores dificultades incluso ahora. Sin embargo, lo más probable es que la política va a ser retomada no sólo en la UE sino en todo el mundo. En el caso del estado de California en Estados Unidos definía límites y un programa de comercio en 2013, y su precio del carbono es más alto en comparación con el de la UE; lo cual se complementa con una plataforma de comercio de emisiones voluntaria que se extiende a lo largo de la costa este de los Estados Unidos (RGGI). También China puso en marcha una plataforma piloto en siete provincias.

Por último, vale la pena mencionar que Alemania es uno de los pocos países que no sólo cumple con sus metas de Kioto, sino que las ha sobrepasado con creces. Los alemanes se han propuesto lo que sonaría como una meta muy ambiciosa de reducción de 21 por ciento por debajo del nivel de 1990 para finales de 2012, aunque el 10 por ciento de esto estaba vinculado con la situación especial que guardaba la ex Alemania Oriental, cuyo decrépito sector industrial fue cerrado o renovado en los años de 1990. Sin embargo, Alemania superó el objetivo por un amplio margen al reducir sus emisiones en un 24,7 por ciento a finales del año 2012. A finales de 2016, la reducción alcanzó el 27.6 por ciento.