Políticas para energía limpia

La coordinación con la Unión Europea

La energía se ha convertido en una cuestión fundamental para la Unión Europea. Sin embargo, la UE no tiene competencia exclusiva en esta materia. Convertirla en una competencia compartida en el Tratado de Lisboa de 2009 fue un valiente paso hacia adelante, pero sigue siendo una zona natural de conflictos entre los Estados miembros y muchas instituciones de la UE.

Los Estados miembros tienen el derecho de determinar su propia combinación energética, pero la Comisión Europea tiene competencia para elaborar la política energética y climática sostenible de la UE. Como muestran los debates acerca de la realización del mercado interior de la energía y la Unión Energética, el derecho soberano nacional para decidir acerca de la combinación de energía sigue siendo un activo muy valioso. Pero incluso los Estados miembros más reacios ven los beneficios de agrupar competencias y unir esfuerzos con sus vecinos, o incluso de dar un mandato a la Comisión Europea para que actúe en su nombre, cuando se trata de negociaciones en el plano internacional. Esto se vuelve aún más importante en el contexto de la seguridad energética y la independencia energética de proveedores no fiables. En el escenario mundial, el antiguo papel de pionera de la UE como una ambicioso unión climática ha perdido algo de su brillo. A la luz de la reciente decisión tomada en los Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París de acción por el clima, la presión se da ahora en el lado de Europa para que retome el liderazgo internacional para formular políticas energéticas y climáticas sostenibles.

Internamente, la UE ha impulsado las cosas hacia adelante: en los últimos años se ha visto cómo la UE asumía compromisos claros a través de una serie de leyes importantes sobre energías renovables y medidas de eficiencia energética, o la visión política a largo plazo en materia energética conocida como hoja de ruta de la energía para el año 2050. Al mismo tiempo, la UE depende de las ambiciones de sus Estados miembros y los últimos años se ha visto una fragmentación de intereses energéticos nacionales divergentes. Mientras que algunos estados miembro están totalmente comprometidos con una transición hacia la energía limpia, una eliminación gradual de la energía nuclear y la reducción de las emisiones de CO2, otros exploran recursos no convencionales, como el gas de esquisto o subvencionan fuertemente tecnologías de gran riesgo, como la energía nuclear.

¿Cuál es la postura de la UE y sus Estados miembros cuando se trata de implementar de forma concretade los objetivos climáticos y energéticos? La hoja de ruta de la energía 2050 y el paquete de "Energía Limpìa para todos los Europeos" tienen el objetivo de crear crear una ruta hacia una economía europea con bajas emisiones de carbono, y al mismo tiempo mejorar la competitividad y la seguridad del suministro en Europa. Para lograr este ambicioso objetivo, están en proceso de negociación una serie de metas intermedias de cara al 2030. Sin embargo, se necesitan más esfuerzos para llegar a objetivos más allá de 2030 que aún no concuerdan con los copromisos que adquirió la Unión Europea en el marco del Acuerdo de París para la acción por el clima. Es muy probable que las difíciles negociaciones políticas en curso, que giran en torno a un mínimo común denominador en las políticas europeas para la energía y el cima, lleguen a un acuerdo para reducción de las emisiones de CO2 en al menos un 40 por ciento, a la vez que aumentarían la cuota de las energías renovables hasta al menos el 27 por ciento y la eficiencia energética en al menos un 27 por ciento. Todavía queda un camino largo y tortuoso para alcanzar los objetivos de la economía de bajo carbono de la UE para 2050 y más allá. Estén atentos.