Historia de la Energiewende

La crisis del petróleo

La crisis del petróleo llevó a las primeras políticas de eficiencia.

En efecto, la crisis del petróleo de 1973 y 1979 hicieron que la gente pensara cómo cambiar la forma de conseguir suministro de energía. Por primera vez en Alemania se observaba el riesgo económico del incremento en los precios del petróleo y que, como señalara el presidente Jimmy Carter a los estadounidenses en 1977, “La conservación es la fuente de energía más inmediata, barata y práctica. La conservación es la única manera en que podemos comprar un barril de crudo con pocos dólares.”

En Alemania, además se encontró que la conservación de energía era una forma de reducir la dependencia de las importaciones de materias primas. Algunos de los pasos que se dieron fueron de corta duración (como la prohibición de manejar los domingos) o tuvieron efectos limitados (como la aplicación del ahorro de energía con el cambio de uso horario). No obstante, las bases estaban dadas para una nueva política de eficiencia. El Ministerio de Economía de Alemania lanzó la primera campaña denominada “Conservación, nuestra mejor fuente de energía”. Un paso importante se dio en 1976, cuando se aprobó en el país la Ley de conservación de energía que estableció los primeros requisitos para el aislante en las edificaciones: “Quienes construyan edificios deben diseñar e instalar aislamiento que evite la pérdida de energía en lo que respecta a calefacción y enfriamiento y así conservar energía.” Incluso a la fecha, la Ley de conservación sigue iniciando con este primer párrafo de la ley original.

El 27 de junio de 1980, una comisión del Bundestag (Parlamento alemán) sobre el futuro de las políticas para la energía nuclear hizo la mayor parte de sus recomendaciones de política energética en el marco del encabezado de “promoción de conservación de energía y energías renovables”.

Estas propuestas llevaron a una discusión animada y controvertida entre el público en general en 1982. Al final, el gobierno alemán sólo pudo frenar las fuertes demandas públicas --que exigían mayores cambios-- forzando a la industria automotriz para que instalara convertidores catalíticos que sólo operaran con combustible sin plomo y, por tanto, forzando a las empresas petroleras a expender combustible sin plomo. En 2000, la Unión Europea prohibió la venta de gasolina con plomo. Es posible que estas medidas contribuyeran a reducir la contaminación, pero no a mejorar la conservación de la energía.

Desde 1982 ha habido esfuerzos insistentes para diluir la política de conservación. Por ejemplo, en los años 90, la industria de la loseta se opuso a utilizar coeficientes de transmisión termal para determinar la necesidad de aislamiento adicional. Surgió otra controversia en lo que respecta a la obligación de los propietarios de las edificaciones ya construidas para que reemplazaran boiler viejos y aislaran las líneas de calefacción, incluso cuando tuvieran planeadas otras renovaciones. No obstante, la idea básica de conservar recursos energéticos ha permanecido como un elemento integral de las políticas alemanas que se ha ido difundiendo crecientemente desde los años 70.