Perspectivas europeas

El pionero: ¿Está perdiendo Dinamarca su ventaja?

Con una desvinculación ejemplar entre la disminución de las emisiones de CO2 y un alto crecimiento económico, Dinamarca se ha convertido en un nombre habitual en el ámbito de la tecnología verde, la construcción de una sociedad sostenible y un sistema energético que hasta la fecha ha integrado una enorme cantidad de fuentes de energía renovables. Sin embargo, la reciente evolución política plantea dudas sobre la determinación del país en cuestiones ambientales.

por Tore Keller, periodista freelance danés

La motivación por el salto de Dinamarca hacia la energía verde deriva de la crisis del petróleo en la década de 1970, cuando la sociedad civil danesa y el sistema político se sorprendieron por el grado de dependencia de las importaciones energéticas extranjeras. Los daneses decidieron librarse de esta dependencia y tomar otro camino.

La primera medida fue participar en extensos proyectos de investigación sobre petróleo y gas en el mar del Norte, lanzar planes energéticos a gran escala para la calefacción urbana utilizando el exceso de calentamiento de las centrales eléctricas y una red mejorada para el uso del gas natural.

Los daneses optaron por centrarse en las energías renovables, principalmente la eólica, y, finalmente, se optó por excluir la energía nuclear después de intensas discusiones políticas durante un período de enormes manifestaciones contra la energía nuclear en Copenhague en la década de 1970. Dinamarca sigue importando energía nuclear de Suecia y Alemania durante los períodos de baja producción de energía a nivel doméstico, pero la agenda política en general no ve la energía nuclear como una opción viable.

No fue hasta el informe climático de la Comisión Brundtland de las Naciones Unidas en 1987 que la política climática y las preocupaciones ambientales comenzaron a desempeñar un papel importante en la conformación de la política energética danesa. Sin embargo, en 1989, Dinamarca fue el primer país del mundo en crear una legislación destinada a reducir las emisiones del CO2 y, desde entonces, la política climática ha estado en el centro de la política energética danesa. El plan actual es tener un sistema energético libre de combustibles fósiles para el año 2050. Esta ambición requerirá innovación, nuevas tecnologías, enormes inversiones y la voluntad política combinada con el apoyo de la sociedad civil y las empresas.

Sin embargo, no se equivoquen: Dinamarca sigue dependiendo hoy en día del petróleo, el carbón y el gas. Los coches no funcionan con flores y polvos mágicos. Si no hubiera sido por los yacimientos de petróleo del mar del Norte, la historia danesa podría haber sido muy diferente. Desde la década de 1990, el petróleo y el gas obtenido desde el fondo del mar al norte de Dinamarca han permitido que los daneses fueran autosuficientes en cuanto a petróleo y gas, y al mismo tiempo impulsar la economía danesa.

Las exportaciones de petróleo y gas, los altos impuestos sobre la energía y un consenso político han hecho factibles los muchos parques eólicos marinos en el mar que rodea Dinamarca en los últimos años. Dinamarca tiene el objetivo político de llegar al 35% de proporción de energías renovables en la electricidad en 2020. En 2050 el objetivo es eliminar todos los combustibles fósiles del sistema energético.

Son objetivos ambiciosos pagados por los consumidores a través de impuestos sobre la energía, que todos los hogares y las empresas pagan. Los ingresos se invierten en proyectos de energías renovables, como el parque eólico marino Horns Rev III situado frente a las costas del oeste de Jutlandia. Es el tercer parque eólico en la zona y, una vez esté operativo en 2019, producirá suficiente energía verde para sostener 400.000 hogares con una producción total de 400 MW, además de los 370 MW producidos por sus dos hermanos mayores Horns Rev I+II.

Además del parque eólico Horns Rev, Dinamarca construirá un parque eólico de 600 MW en Kriegers Flak en las aguas entre Dinamarca, Suecia y Alemania. Acontecimientos políticos en 2015 pone en duda la realización de este proyecto. La tarifa de obligación del servicio público, que ha ayudado a financiar muchos proyectos de energías renovables en Dinamarca, fue declarada ilegal por la Comisión Europea por favorecer los proyectos nacionales. El nuevo gobierno que asumió el mandato en 2015 sugirió la idea de cancelar proyectos, incluyendo el Kriegers Flak, debido a cuestiones de financiamiento. Sin embargo, en noviembre de 2016, Vattenfall ganó la licitación para construir el parque eólico con una oferta, en ese momento, históricamente baja de €49.90/MWh.

Está claro que Dinamarca ha elegido su fuente de energía renovable número uno: la energía eólica. En 2016, más del 42 por ciento del consumo de electricidad provino de la energía eólica. Eso es un récord mundial. Las empresas danesas también van a bordo. En 2016 las exportaciones de tecnología energética representaron 11.3 mil millones de euros, aproximadamente el 12% de las exportaciones danesas en conjunto. En 2014 estas exportaciones crearon 56.000 puestos de trabajo según la Asociación Danesa de Energía. De 1990 to 2007, la actividad económica en Dinamarca aumentó en más del 40 por ciento, mientras que las emisiones de CO2 se redujeron en casi un 14 por ciento. Además del apoyo por parte del tejido empresarial, casi todos los partidos políticos daneses respaldan la política energética a largo plazo para el año 2020. Así, una política energética libre de plantas nucleares se encuentra con un amplio consenso político desde la crisis del petróleo en la década de 1970.

Sin embargo, no todo es tan idílico en Dinamarca. El cuento clásico de "no en mi patio trasero" sigue siendo una preocupación existente en la verde Dinamarca. Cuando se estableció un emplazamiento de pruebas para las turbinas eólicas en tierra en una remota zona natural llamada Østerild en la Dinamarca rural hace un par de años, los ciudadanos locales protestaron en contra de su construcción, afirmando que apoyaban las energías renovables, pero argumentando que debía colocarse en otro lugar. Finalmente, el emplazamiento de pruebas fue construido a pesar de las protestas. Recientemente la instalación de aerogeneradores marinos cerca de la costa encontró resistencia en la población.

Sin embargo, la fracción de daneses que se opone al cambio hacia una sociedad centrada en la sostenibilidad, independiente de las importaciones de energía extranjeras procedentes de Oriente Medio y Rusia, sigue siendo pequeña. Las políticas verdes tienen un respaldo amplio a pesar de que a los daneses, como la mayoría de la gente, les gustaría ver cómo disminuyen sus facturas de energía.

Algunos proyectos recientes que estudian la posibilidad de extraer gas de esquisto en las zonas rurales se han visto enfrentados a la oposición local. La preocupación es principalmente acerca de la seguridad y la escala de una posible empresa de gas de esquisto en los patios traseros de las personas. Esto ha frenado las exploraciones de gas de esquisto. Sin embargo, el gobierno que asumió poderes tras las elecciones generales de 2015 se muestra más abierto a los proyectos de gas de esquisto.

Aunque Dinamarca ha hecho bien en disminuir su impacto climático en el mundo y ha visto cómo la energía verde registraba un fuerte aumento, los daneses tal vez no son tan verdes como parecen. Un informe de la WWF muestra que los daneses son la cuarta población más contaminante del planeta si se incluye el impacto de sus importaciones extranjeras, que van desde extensos viajes de vacaciones hasta el sector agrícola, que sigue estando menos regulado que otras industrias.

Sin embargo, los daneses han hecho suya la cuestión del clima a nivel local. La isla de Samsoe es 100 % libre de combustibles fósiles. Se organizan proyectos comunitarios en cooperativas de turbinas eólicas, que suelen tener 1-3 turbinas eólicas en tierra junto a ciudades más pequeñas o zonas industriales. Se pueden encontrar en todo el país. Unos 40.000 daneses son copropietarios o propietarios individuales de algunos de los más de 5.200 aerogeneradores que hay en toda Dinamarca.

Dinamarca se vio obligada a tomar el camino verde por los altos precios de la energía en la década de 1970 y ha demostrado al mundo que, con una extensa planificación energética mirando hacia el futuro, incentivos para la energía verde y el apoyo de la población, es posible disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. Alemania también está tratando de desvincular su PIB del consumo de combustibles fósiles. Solo que los daneses fueron los primeros en llegar. En los próximos años la política del nuevo gobierno danés determinará si Dinamarca será capaz de mantener su ventaja o perderá su posición de líder verde.