Perspectivas europeas

Austria y su transición energética: Los políticos pasivos son el mayor riesgo

A primera vista, el rendimiento de Austria en el sector energético se ve muy brillante: en el año 2015, alrededor del 32% del consumo final bruto de energía era proporcionada por fuentes de energía renovables.

Johannes Wahlmüller, Global 2000 - Amigos de la Tierra Austria

Sólo Letonia, Finlandia y Suecia tuvieron mayor proporción de energías renovables en la UE. Por otra parte, alrededor de 78% del consumo de electricidad en Austria ya proviene de fuentes de energía renovables. El gobierno de Austria está a favor de objetivos vinculantes de renovables a nivel europeo y se opone a las ambiciones de la industria nuclear para recibir más subsidios. Pero también hay un gran lado oscuro en el frente climático. Austria no cumplió con su objetivo de Kioto: en lugar de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 13% en comparación con los niveles de 1990, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron un 2,5% en 2012. Por lo tanto, Austria tuvo que comprar certificados de CO2 por valor de 71,55 millones de toneladas de CO2. Hay razones profundamente arraigadas que lo explican en la política climática y energética de las dos últimas décadas en el país.

Construir bloques del pasado

En Austria, la producción de energía a partir de fuentes de energía renovables se basa en la energía hidráulica y la biomasa. Aunque es un país relativamente pequeño, Austria es la cuarto mayor productora de energía hidroeléctrica en Europa. El desarrollo central de la energía hidroeléctrica de Austria se terminó hace veinte años. Hoy en día, queda poco potencial por desarrollar para la hidroeléctrica. Lo mismo ocurre con la biomasa; por lo tanto, podríamos decir que el potencial de las fuentes de energía renovables "tradicionales" ya se ha agotado en gran medida.

Por otra parte, el gobierno austriaco no se ha mostrado particularmente abierto a nuevas fuentes de energía renovables, como la eólica y la solar. Por tanto, la cuota de las energías renovables en el sector eléctrico está disminuyendo cada año desde hace muchos años, mientras que la cuota de las energías fósiles aumentaba. En 2011, después del accidente nuclear de Fukushima, se reformó la ley austriaca "Ökostromgesetz" (similar a la Ley de energías renovables (EEG) de Alemania) sustancialmente de manera que permitía la entrada de más energía eólica y solar a la red. Sin embargo, esta reforma llegó demasiado tarde para que fuera efectiva durante el periodo de Kioto, que terminó en 2012, pero todavía puede ser considerada como el relanzamiento de una transición energética austriaca en el sector eléctrico. En 2020, es probable que Austria alcance una cuota del 80% de la electricidad procedente de fuentes de energía renovable, lo que podría colocar al país de nuevo en una posición de liderazgo. Durante la Cumbre COP21 de París el canciller Faymann y el Ministro de Medio Ambiente Rupprechter declararon que para 2030 el 100% de la electricidad provendría de fuentes de energía renovable. Sin embargo, Faymann dimitió como canciller en mayo de 2016 sin haber viabilizado este ambicioso objetivo en una ley formal.

Pioneros y falta de apoyo político

Mientras que el sector de la electricidad desempeña un papel importante en la transición energética del país, hay otros campos de juego importantes en la política climática y energética que merecen nuestra atención, por ejemplo, el sector de la construcción. Los edificios suponen cerca de un tercio de la demanda final de energía de Austria. Austria tiene un papel pionero con la mayor densidad de casas pasivas en Europa. En el sector de la calefacción, las emisiones se han reducido en un 34% en comparación con los niveles de 1990, y la posibilidad de que se sigan reduciendo es inmensa.

Los principales impulsores de este éxito han sido los subsidios que incentivan la renovación de edificios, y los requisitos más altos de eficiencia energética por muchos estados austriacos, que son responsables de las regulaciones en el sector de la construcción. Sin embargo, la última estrategia acordada entre el gobierno central y los estados federales para aumentar la eficiencia energética de los edificios se remonta a 2008, y el último paso para aumentar los requisitos de eficiencia para la renovación de edificios se hizo en 2010. Por otra parte el gobierno recortó a la mitad los subsidios para la remodelación de edificios. Por eso la tasa de renovación de alrededor de 1% anual sigue siendo alarmantemente baja. Esto significa que Austria necesitaría unos 100 años para renovar la totalidad de su parque inmobiliario. Mientras que los arquitectos ya construyen los primeros "edificios Plus-Energy" que producen más energía de la que consumen durante el año, se necesita desesperadamente más apoyo político para la eficiencia energética en el sector de la construcción con el fin de construir sobre los éxitos del pasado.

Mientras que la eficiencia energética crece lentamente en el sector de la construcción, la proporción de sistemas de calefacción fósil sigue siendo alta: de 3,7 millones de hogares alrededor de 1,5 millones siguen calentando con gas, petróleo o carbón. Además, 616.000 hogares cuentan con calefacción a distancia y 55% de esta se genera a partir de combustibles fósiles. Todavía queda mucho por hacer para que la transición energética austriaca vuelva a la senda correcta. Desafortunadamente los políticos austriacos son en extremo pasivos y el petróleo barato hace la transición aún más difícil.

Por su parte, el sector de transporte sigue siendo uno de los retos más grandes en Austria. En 2014 la emisión de gases de efecto invernadero creció en un notable 57,6% en comparación con sus niveles de 1990 en este sector. Mientras los políticos siguen sin hacer propuestas para reducir las emisiones, el instituto de economía austriaco WIFO calculó que en Austria se pagan subsidios para los combustibles fósiles por un valor de 3.800 a 4.700 millones de euros. Cerca de 2.000 a 2.200 millones de euros de estos subsidios dañinos para el medio ambiente le corresponden al sector de transporte, principalmente por concepto de privilegios fiscales a, p. ej. el diésel. Por lo tanto los incentivos para un cambio en este sector siguen siendo bajos y no existe ninguna estrategia real de descarbonización del sector de transporte.

Grandes retos por delante

En general Austria juega un papel pionero en muchos aspectos, pero los políticos no actúan con la determinación que deberían. En una encuesta realizada en 2014 el 79% de los austriacos estaba a favor de una fase rápida de eliminación gradual de la energía fósil, pero aún no hay ninguna estrategia nacional para eliminar gradualmente los combustibles fósiles en Austria. Este es uno de los mayores déficits, ya que hay fuertes argumentos económicos para tomar medidas. Alrededor del 64% de la energía necesaria en Austria tiene que ser importada y la factura de las importaciones de energía fósil ascendió a 11.400 millones de euros en 2014.

En resumen, aún queda mucho por hacer si Austria quiere volver a ser un líder real en la transición energética. Y la acción política y la implementación de una estrategia ambiciosa de descarbonización tienen que ser los motores principales de este cambio.