Preguntas y respuestas

¿Qué papel juega el gas de esquisto en la Energiewende alemana?

Los espectadores internacionales suelen preguntarse cuándo surgirá el gas de esquisto en Alemania. En particular los estadounidenses, sobre la base de su propio auge del esquisto, piensan que los alemanes podrían reducir sus emisiones de carbono y los precios de la energía con el gas de esquisto.

Actualmente Alemania está investigando la opción de explotar el gas de esquisto y un par de proyectos están en camino, pero solo están permitidas las perforaciones si el gas de esquisto a extraer se encuentra a como mínimo 3 kilómetros de profundidad (para proteger las aguas subterráneas). En dependencia de los resultados de estos proyectos podría autorizarse la producción de gas de esquisto, pero no se espera ninguna decisión hasta finales de la década. Además, muchas personas en Alemania se oponen al fracking, como los cerveceros, que están preocupados por la calidad de las aguas subterráneas que usan para elaborar sus cervezas.

Sin embargo, en Europa, el gas de esquisto es impopular. Francia ya ha aplicado una moratoria. La posición del gobierno alemán consiste en que la exploración de gas de esquisto puede proceder tan pronto como las preocupaciones ambientales se resuelvan, lo que sería una forma diplomática de decir "nunca".

En total, se estima que las reservas alemanas de gas de esquisto pueden cubrir el suministro de gas del país durante 13 años. Evidentemente, Alemania no eliminaría todas las importaciones en ese período y las reservas nacionales se extenderían por décadas y compensarían las importaciones.

Durante ese tiempo, el país correría el riesgo de contaminar las aguas subterráneas y el medio ambiente. Ya que Alemania tiene una densidad de población mucho mayor, miles de personas podrían verse afectadas en casos individuales. Por lo tanto, los alemanes se preguntan por qué tendrían que arriesgarse solo por 13 años equivalentes con un nivel de independencia energética levemente mayor. Además, las leyes de minería en la mayor parte de Europa y Alemania difieren de las de Estados Unidos en que el propietario solo posee la superficie; el estado es dueño del terreno. Por lo tanto, no es tan rentable para los propietarios vender o arrendar sus tierras a las empresas dedicadas al esquisto.

Otra razón podrían ser los precios más bajos. En los Estados Unidos los precios del gas bajaron pero solo en algunas partes del país; los Estados Unidos no tiene una red de gas contigua. Alemania, por el contrario, es parte de una red de gas de Rusia a los Países Bajos; del norte de África a la Europa mediterránea. Si el gas de esquisto estuviera disponible, podría venderse al mejor postor mediante una gran red de compradores, de modo que los precios no bajarían significativamente.

Además, los precios del gas en Alemania actualmente están vinculados al precio del petróleo, de modo que no pueden bajar de manera independiente. Pero incluso sin esta vinculación, los precios del gas no bajarían significativamente porque podría venderse en el enorme mercado europeo. Alemania solo estaría poniendo en riesgo su medio ambiente para que las empresas de gas pudieran registrar mayores beneficios.

Según una publicación de Amigos de la Tierra, el potencial de gas de esquisto también podría ser exagerado:

  • los cinco mayores pozos de gas de los EE.UU. se redujeron en un 63% a un 80% en el primer año
  • la industria ha rebajado sus reservas varias veces en los últimos años
  • empresas como BP, BHP Billiton y Chesapeake redujeron el valor de sus activos de gas de esquisto en consecuencia por miles de millones de dólares

En Europa, en particular, Amigos de la Tierra considera que la combinación antes mencionada de la densidad de la población y la escasez de agua es un problema general. Por otra parte, un estudio realizado por el banco de desarrollo alemán KfW estableció que el sector industrial de los Estados Unidos en general no se había vuelto más competitivo que el sector industrial alemán durante el auge del esquisto en gran medida porque los precios de la energía constituyen una pequeña parte de los costes totales (dos por ciento). Sin embargo, la situación resulta diferente para un pequeño número de empresas que específicamente consumen grandes cantidades de gas natural.

Por último, los precios bajos de los combustibles fósiles no son el objetivo de la transición energética alemana, sino mantener el carbono en el suelo. Las iniciativas para reducir las emisiones mediante el cambio del carbón al gas de esquisto pueden ser loables, pero en última instancia implican liberar más carbono del suelo al extraerlo.